El frío extremo apaga los equipos que dependen de la energía almacenada. Los camiones de reparto se paran en rutas heladas, los sensores remotos se apagan durante la noche y los sistemas de energía solar se ralentizan cuando las temperaturas caen por debajo del punto de congelación. El culpable es casi siempre el mismo: una química de batería que nunca fue diseñada para
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